Virus de la rubeóla
CDC/E. Palmer
El virus de la rubéola es el único miembro del género Rubivirus de la familia Togaviridae que esta formada por un grupo de agentes virales pequeños que contienen ácido ribonucléico en su genoma (RNA) y una envoltura lipídica «Toga». El virus de la rubéola tiene como único reservorio al hombre.
Cuadro clínico.
Se presentan febrícula, ligera conjuntivitis, cefalea, catarro discreto, dolor y ardor faringeo y linfadenopatías, que aparecen generalmente antes del exantema, generalizadas, con predominio postauricular, cervical y occipital; los ganglios se aprecian pequeños, duros, medianamente dolorosos al inicio.
La rubéola puede cursar de forma subclínica, pero cuando se presenta el exantema, después del periodo de incubación, inicia en la cara, se disemina rápidamente a tronco y extremidades; es maculopapular, eritematoso, con frecuencia pruriginoso; en ocasiones hay un punteado hemorrágico en el paladar blando y manchas pálido-rojizas en la mucosa. En adultos se pueden presentar complicaciones dando lugar a episodios de artritis, artralgias, rara vez trombocitopenia y encefalitis post infecciosa.
La rubéola congénita se debe a la infección crónica del embrión y persistencia del virus en diversos tejidos del feto, hasta varios meses después del nacimiento; se produce durante la primoinfección de la madre, aunque de manera excepcional se ha descrito algún caso de infección congénita en casos de reinfección. La severidad de la enfermedad fetal depende del momento de la infección.
Se ha estimado que 30 – 50% de los recién nacidos hijos de madres que cursan con rubéola durante el embarazo desarrollarán infecciones subclínicas y un número moderado de manifestaciones se presentarán posteriormente, con frecuencia después de los dos años de vida. En ocasiones, algunos niños infectados por el virus de la rubéola durante la gestación, aparentemente normales al nacimiento, presentarán síntomas de retraso intelectual y motor al alcanzar la edad escolar.
En el caso de rubéola congénita las manifestaciones clínicas son usualmente severas, las anomalías más comunes son de tipo oftalmológico (catarata, microftalmia, glaucoma, coriorretinitis), cardíaco (conducto arterioso persistente, estenosis de las arterias pulmonares periféricas, defectos de los tabiques auriculares o ventriculares), auditivo (sordera neurosensorial) y neurológico (microcefalia, meningoencefalitis, retraso mental).
La gama de manifestaciones que pueden presentar los lactantes con rubéola congénita es amplia; además de lo mencionado, se han reportado: retraso del crecimiento, hepatoesplenomegalia, miocarditis necrosante, neumonía intersticial, panencefalitis esclerosante subaguda, diabetes mellitus, osteopatía radiolúcida, criptorquidia, hipospadias y lesiones cutáneas tipo púrpura.
Los niños con rubéola congénita eliminan virus en secreciones respiratorias, intestinales y orina hasta la edad de uno o dos años, a pesar de tener altas concentraciones de anticuerpos neutralizantes.